La información es la herramienta que transforma la comida común en una estrategia de salud. Cuando el cuerpo no produce determinadas sustancias que debería, de manera autónoma, la nutrición es un área que se convierte en aliada. La compensación es cuestión de contar con datos precisos para identificar lo que nos hace falta y cuya ausencia altera el correcto funcionamiento del organismo.

El ritmo de vida, la falta de exposición a estímulos naturales o ciertas condiciones hacen que tengamos que compensar a través de la alimentación lo que normalmente el cuerpo produciría o gestionaría de forma autónoma. Básicamente, hay que elevar el nivel de atención frente a las góndolas del supermercado, lógicamente, con la evaluación correspondiente hecha por un profesional sobre la deficiencia que se tiene.

La falta de ciertas sustancias provoca fallas en el organismo con la consecuencia de síntomas como fatiga, insomnio, niebla mental o desequilibrios metabólicos. La tendencia actual de la ciencia es dejar de lado las recomendaciones genéricas y buscar entender las rutas bioquímicas de cada persona según su estilo de vida, estrés y entorno. Una educación nutricional y el autoconocimiento permiten recorrer ese camino que se está desgastando por el estilo de vida actual y así corregir hábitos.

Entre las carencias más comunes de sustancias que el cuerpo sufre generalmente están:

- Melatonina y Serotonina: Falta de luz natural y ritmo circadiano alterado es el problema que genera estar encerrado en una oficina con luz artificial. Para compensar, el cuerpo necesita más triptófano. Para esta carencia se busca activamente consumo de huevo, lácteos, frutos secos (especialmente nueces), banana y avena para darle a la epífisis o glándula pineal la materia prima necesaria.

- Dopamina y estrés crónico: Se incrementa la demanda de tirosina y vitamina B6/C. Alimentos como legumbres, carnes magras, semillas de sésamo y palta pasan a ser estratégicos para mantener el rendimiento mental sin agotar el sistema nervioso.

- Salud ósea y colágeno: Están asociados a la vida sedentaria y falta de estímulo mecánico que producen pérdida de minerales y densidad ósea más rápido. Lo que hay que ingerir para corregir la carencia es la ingesta directa de calcio, magnesio y vitamina K2

- Creatina: Es una molécula reservoria de energía para contracciones musculares rápidas y función cerebral. Su producción autónoma depende del hígado y los riñones que la sintetizan diariamente. En deportistas de alta intensidad o personas en dietas vegetarianas/veganas, la tasa de síntesis propia no alcanza para saturar las reservas, requiriendo consumo de carnes o suplementación.

- Vitamina D (la "vitamina del sol"): Es muy famosa porque es fundamental para la absorción del calcio, la salud de los huesos y la regulación del sistema inmune. Como se sintetiza principalmente al exponer la piel a la luz solar, el estilo de vida en interiores ha provocado que sea una de las deficiencias más comunes a nivel mundial. En la dieta se encuentra en alimentos como pescados grasos (salmón, atún), yema de huevo, hongos y alimentos fortificados (como leches y cereales).

- Vitamina A: Históricamente asociada con la salud visual ("buena para la vista"), el mantenimiento de la piel y la reparación de tejidos. Para obtenerla hay que ingerir alimentos de origen animal como hígado, lácteos y huevo y en los de origen vegetal de color naranja y amarillo (zanahoria, zapallo, batata) y hojas verdes oscuras.